pero kien no tiene nada ke haceer mas ke posteeaaaaaaaar!!!!!! jajajajajajaj no ps ayer en la fiesta me akorde de esto ke enkontre hace poko y ps kreo ke deberia estar aki en el blog y ps decidi ke en kuanto me akordara lo iba a poner, y para mi sorpresa me akorde muy pronto jajajajaj en fin es una cronica ke enkontre sobre la fiesta de las latas y pues la posteo.
el autor es Arturo Reyes Fragoso y la pagina kompleta la pueden chekar en: http://www.milenio.com/node/59838
y bueno dejo la cronika…
Al final, tuvimos que suspender la actividad ante su estrepitoso fracaso. Sigo sin entender qué diablos fallo, si reuníamos las condiciones idóneas para convertirla en todo un éxito. Nos prestaron un restaurante bar con terraza, con una de las mejores vistas al zócalo, donde los scouts congregados para el evento de las latas del año anterior sólo tenían que atravesarse la calle y subir por el elevador, dispuestos a disfrutar de la velada bohemia dispuesta en el lugar. Por la tarde, ahí mismo realizamos una presentación editorial que apenas contó con el mínimo de asistentes para no verse desolada, pese a volantearla desde la mañana como locos para promoverla, hasta acompañados con la botarga de un dragón morado al que más de un scout se acercó a tomarle fotos o taclearla al piso.
Luego me enteré por el periódico dónde fue a meterse la gente que esperábamos aquella noche. La foto a colores de la primera plana hacía reconocibles las pañoletas de los enfocados por la cámara, y hasta salía una pareja de cuates míos. La nota, en flamígero tono, abordaba el incremento del consumo de bebidas alcohólicas en menores de edad, al tiempo de denunciar una fiesta scout organizada a unas cuadras del zócalo que, evidentemente, estuvo mucho más divertida que nuestra actividad.
La semana pasada me propuse desentrañar el misterio de las actividades que, me canso, consolidaron la popularidad del evento de las latas en el zócalo. Para entonces, había recabado las direcciones de dos lugares donde se realizarían las fiestas alternativas. La primera era en la misma sede del año anterior, balconeada por la prensa, cuyos asistentes no mostraban una actitud muy reflexiva ante el artículo publicado a raíz del incidente, por el mismísimo jefe scout nacional (“Los excesos”, Tlatoani 234, enero-marzo 2007) quien, por supuesto, incluye una obligada cita de Roverismo hacia el éxito sobre la roca vinos. Igual no lo leyeron.
La temprana hora y poca concurrencia en el lugar, me hizo encaminarme al segundo punto de reunión, ubicado en un indeterminado punto de la calle de Donceles, búsqueda a la que se sumaron dos claneras con quienes empezamos a caminar por la acera humedecida por la menuda llovizna. Pasamos por enfrente de un bar atestado de darketos; en ese momento, una de las claneras cruzó la calle para saludar a los asistentes —ya saben: tatuajes, delineador, gabardina y botas de cuero. Por un instante pensé haber llegado a nuestro destino y que ya existía otra sección scout con el color negro como distintivo.
Reanudamos la marcha hasta casi llegar al Eje Central, donde estaba el lugar buscado, para entonces atascado y con la puerta de acceso cerrada. Quien la custodiaba debió verme con cara de padre de familia o inspector de la delegación porque, con toda amabilidad, nos negó la entrada. Una manta anunciaba la presentación de los Diablos Puerkos, con la imagen de un simpatiquísimo marrano encapuchado, con mirada gandallesca.
Adentro, la gente se apretujaba bailando en grupos. Aquí volvieron a entrar en acción nuestras aguerridas claneras acompañantes, con la clásica táctica de rogarle al tipo de la puerta dejar pasar a una de ellas a buscar a unos amigos, estrategia que culminaría con su intervención para dejarme pasar con mi acompañante.
—Son nuestros papás, ni modo de dejarlos fuera —alegaron con eficaz convicción.
Un rato después, salimos del lugar a tomar aire, enfilándonos de vuelta a la primera fiesta, aunque ya sin las claneras.
—Ahí se las encargo —le dijo mi acompañante al desconcertado custodio del acceso.
De vuelta a la primera fiesta, una multitud se agolpaba frente a las cerradas puertas del edificio sede, por encontrarse para entonces también hasta el tope. Vanos resultaron los ruegos colectivos para dejarnos entrar, hasta que alguien tuvo a bien señalar a un scout asomándose por el ventanal de unos billares abiertos a unos metros, en la acera de enfrente, a donde medio centenar de personas terminamos por enfilar nuestros pasos.
Terminé instalado frente a la mesa de pull ubicada junto al ventanal que daba a la calle, atento al turno de un clanero de Tlalnepantla que para ese momento embuchacaba la bola cinco.
—¿Dónde dices que estudiaste? —le pregunté con el marrullero afán de cebarle el siguiente tiro.
—Bachilleres —contestó sonriendo, aunque sin perder la concentración.
Afuera, los fantasmas de la antigua Tenochtitlán se adueñaban de la madrugada.
Sigo sin entender por qué diablos nos falló el año anterior nuestra noche bohemia: el lugar donde tratamos de hacerla estaba mucho más padre, y también vendían chelas.
׺°”˜`”°º×ëL mÂLêƒïKØ Ð®. KÂÐåvë®×º°”˜`”°º×
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2:28 PM
No mamaes jajajajajajaj buenisisisisismismsisisisimo!!!! y aparte la cronica esta fregonzisima jjajaj ^^ me gusto mucho , modifiko tus tags y gracias por tan graande post!